miércoles, septiembre 03, 2008

Escuelas del arte y del crimen


Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 29 de agosto del 2008.

José Ramón Enríquez


Uno de los grandes problemas para la educación artística radica en que los aspirantes no sólo llegan con desconocimiento de la expresión elegida sino carentes de una cultura general mínima. En nuestro caso, el teatro, los jóvenes salen de bachillerato sin elementos para situar la escena en el tiempo y en el espacio, sin idea de sus componentes fundamentales, desde el texto dramático hasta la puesta, y sin el manejo de su lenguaje, desde la gramática inicial.

Son muchísimos los casos en que los aspirantes nunca han pisado un edificio teatral e imaginan su carrera en función de la televisión o, en el mejor de los casos, de las salas de cine.

Si, en cuanto al enriquecimiento de las vocaciones artísticas, el fracaso de la educación media es notable, también lo es en cuanto a la creación de públicos. Además de todos los obstáculos modernos a nuestro arte milenario, la falta de educación artística es también culpable de la ausencia de públicos. La lucha para recuperarlos tiene necesariamente que pasar por la recuperación de un nivel que hace algunas décadas se tuvo en la enseñanza, antes de las reformas de los años setenta.

Entrados en el tema, podemos hablar inclusive de incapacidad en los bachilleres para la lectura en voz alta exigida en la primaria y, por consecuencia, de una mínima comprensión de la lectura. Muchas veces admiro a estudiantes que deben leer dos y tres veces una página, sílaba a sílaba, con el dedo puesto en cada línea para no perderse, y que se ven obligados a estudiar una obra teatral completa. Todo para comprobar que su heroico esfuerzo no obtuvo resultado. Y para qué hablar de las imposibilidades para la redacción de un texto, o de un simple apunte en clase.

Me refiero a obviedades perfectamente conocidas y sufridas por los maestros de arte (de la misma manera que por cualquier otro de educación superior, a la hora de recibir a un bachiller sin conocimientos mínimos de primaria) porque el tema de la educación en nuestro país está en primer plano ante el fracaso de más del 70 por ciento de profesores en una evaluación reciente.

Ello se cruza con el ingente problema de la inseguridad. Porque, si la educación, con todos los valores que conlleva, es un fracaso, la enseñanza del crimen es un éxito. Un éxito que lo jóvenes pueden comprobar sobre todo por la impunidad que priva en nuestro país.

Para quien entra a la carrera de Derecho, por ejemplo, no es la búsqueda de la Justicia sino el lucrativo negocio de sacar criminales de la cárcel el que les salta a la vista. Narcos y secuestradores pagan muy bien las argucias legales que los profesionales del Derecho sepan utilizar para mantenerlos impunes. Mientras la impericia de quienes presentan mal los alegatos acusatorios, corresponde a los sueldos.

Vivir del lado de la sana convivencia resulta poco lucrativo. Se vuelve una estupidez, en una nueva escala de valores que el fracaso educativo va imponiendo. Por otra parte, vivir en una ley de la selva postmoderna, sin compasión por el más débil o por el justo, resulta enriquecedor, y aun un éxito social. Nueva escala definida por los muchos ceros en las ganancias en los delitos y por la certeza de la impunidad a pesar de ser arrestados.

Como escuela primaria del crimen, el sistema carcelario resulta de excelencia para adolescentes que caen por delitos menores. De ahí sí salen manejando los elementos sustantivos, los lenguajes y los gestos necesarios para triunfar en cualquier evaluación a nivel mundial.

Si, en línea de Quincey, el crimen fuera realmente una de las bellas artes, es en las cárceles donde la educación artística se vuelve un éxito.

Pero el teatro afortunadamente es algo distinto. Aun la desolación infinita de Beckett, la crueldad de Artaud, el sarcasmo esperpéntico de Valle o la ironía amarga de Ionesco, provocan un encuentro creador entre humanos que contradice al crimen.

El gasto en educación (para subir su nivel, no para las bolsas de los caciques) es la mejor manera de combatir a la larga la inseguridad. Y lo es también para la formación tanto de los artistas cuanto de sus públicos.

Etiquetas: ,

0 Comments:

Publicar un comentario en la entrada

Enlace de la entrada:

Crear un enlace

<< Home